Mi ranita amiga

Ernesto lloroso y triste la buscaba afanosamente. Soñaba encontrarla en algún lugar fresco. La jardinera la revisó mil veces; hoja por hoja de cada planta fueron visitadas

Lic. Valentín Ramos Cortez

Ernesto es un niño apasionado por los animales, un gato, un perrito, un perico y hasta un gusano llaman su atención. Siempre está en observando sus colores, movimientos y costumbres.
Una noche cuando empezaba a conciliar el sueño, comenzó a oir un sonido extraño cerca de la venta de su dormitorio: crug, crug, crug. Sin prestar mucha atención cerró sus ojos y se quedó dormido. Al día siguiente comentó el ruido que había oído con su madre.
---Mama anoche oí un ruido extraño cerca de mi ventana, nunca lo había oído ¡Era raro mamá!
---No hagas caso, son tantos los ruidos que es difícil distinguir uno de otros. Respondió--- la madre.
Las noches siguientes el niño volvió a escuchar el ruido; en una de tantas, preparó una pequeña linterna, se levantó sigilosamente y comenzó a alumbrar. Sus ojos se exorbitaron al ver adherida al vidrio de la ventana una linda rana multicolor, tenía sus ojos vivaces como a la expectativa de cualquier suceso.. Con sumo cuidado la tomó y guardó en una pequeña caja de cartón. Su piel era húmeda, lisa y fresca; enseguida encendió su computadora y comenzó a buscar información relacionada con las ranas: de está forma se enteró que son anfibios, que algunas son totalmente acuáticas y otras viven solamente en la tierra, no tienen cola, el cuerpo es corto y achatado, que son excelentes saltadoras y muchos otros detalles mas.
Al siguiente día con unos recortes de vidrios y pegamento especial construyó un terrario como vivienda para la nueva amiga. Desde ese momento la rana se convirtió en su mascota. Su entretenimiento especial era cuidarla, sabía que se alimentaba de insectos, gusanos y de cualquier animalito minúsculo, pero el complementaba su alimentación con alimentos para peces. La rana cuando veía el potecito de alimento saltaba y se le posaba en el brazo. El untaba el dedo con el alimento y la rana suavemente lo tomaba con su lengua.
La rana se convirtió en la compañera de Ernesto. Cuando estudiaba colocaba a su lado una jarra con agua, durante ese tiempo el animalito buscando fresco y tratando de acompañar al niño, permanecía adosado a la parte externa de la jarra y ante cualquier balbuceo del niño, la rana parecía responderle: crug, crug, crug. “Yo se que quiere hablarme, me está contestando” pensaba el niño.
Lo inesperado está en todas partes: una mañana, Yinina como llamaban a la ranita, no aparecía por ningún rincón, ni siquiera en el baño donde pasaba gran parte del día. Ernesto lloroso y triste la buscaba afanosamente. Soñaba encontrarla en algún lugar fresco. La jardinera la revisó mil veces; hoja  por hoja de cada planta fueron visitadas por los ojos de Ernesto y su madre.
La tristeza había invadido el ambiente familiar. La resignación estaba a punto de llegar.”!Ya aparecerá otra!” Se decía el niño.
Una noche cuando Ernesto ya estaba dormido, allá en las profundidades de su somnolencia comenzó a oír un lejano: crug, crug, crug. Se levantó en puntillas, buscó su linterna y alumbró exactamente donde lo había hecho cuando encontró a Yanina. ¡ Sorpresa! Ahí estaba la ranita, pero lo asombroso fue que no estaba sola, a su lado había dos minúsculas ranitas semejantes a ella. !Había sido madre!
Ernesto sin salir de su asombro se acercó al dormitorio de su madre, la movió un poco y al oído le dijo: --- mamá regresó Yanina, pero acompañada.
---Es la naturaleza hijo, todos tenemos la necesidad de formar una familia. Ahora ella tiene la suya y a nosotros. Anda a dormir, mañana será otro día. ---respondió la madre.





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