El síndrome de Hipersensibilidad-Hiperactividad (HS-HA)

Este síndrome es cada vez más frecuente, sobre todo en razas que fueron desarrolladas originalmente para trabajo como el labrador, fox terrier, Jack Russel, pastor alemán y pastor belga, entre otros

 

  

M.V. Monica Melis
Pet Emporium

Cuando sufren de este desorden, los perros presentan un comportamiento destructivo, períodos de mordeduras no inhibidas, híper excitabilidad, híper nerviosismo e incansabilidad, lo que los vuelve prácticamente incontrolables: se mueven constantemente, reaccionan exageradamente ante el menor ruido, comen rápidamente y difícilmente duermen durante el día.
Otro síntoma es la ausencia de saciedad, por lo que el perro tiende a comer más de lo debido, roba alimento de la cocina, de los potes de basura, ingiere cualquier cosa en la calle y puede, incluso, vomitar y comer lo que vomita.
El síndrome de hipersensibilidad hace que los perros que lo padecen, tiendan a ingerir cuerpos extraños y, por ende, se deben someter a cirugías en repetidas oportunidades, algunos ejemplares presentan polidipsia, beben agua en exceso o juegan con ella.
A menudo, también se observa en ellos, dermatitis por lamido en las patas, abdomen o cola o excesivo prurito sin causa médica. Otros signos que se evidencian en edad temprana son la dificultad de aprendizaje, control de esfínteres, control de mordida o vocalización excesiva, además de actividad nocturna.
Este trastorno se origina en las condiciones de cría; de hecho, se observa casi exclusivamente en perros que provienen de medios poco estimulantes, perros aislados del medio ambiente y otros perros, cachorros separados demasiado temprano de la madre (madre fallecida, madre muy joven o primeriza con muchos pequeños en la camada), o perros comprados muy cachorros y que no han sido sometidos por el dueño a la inhibición de las mordeduras.
Este síndrome, puede a lo largo, concluir o con una curación espontánea (relativamente rara), o con la aparición de trastornos de ansiedad, o bien con un estado agresivo e incluso peligroso. El tratamiento deberá ser, por tanto, inmediato y comprenderá una terapia médica y conductiva estricta cuyo resultado dependerá del rápido diagnóstico e inicio del tratamiento.
Si se observan, en nuestros cachorros, algunas de las conductas que denotan Hipersensibilidad-Hiperactividad, podemos minimizar los síntomas con los denominados autocontroles:
1) Cuando el cachorro se pone nervioso y su actividad se vuelve desordenada hay que sujetarlo, obligarlo a calmarse, por uno o dos segundos, y luego dejarlo libre. Debe detectarse el momento exacto en el cual él entra en la etapa de excitación e interrumpir el juego con calma y sin regaños, preferiblemente sin mirar al cachorro.
2) SI el juego se convierte en pelea, hay que intervenir. Cuando los cachorros juegan, pueden hacerse daño y el dolor provoca gritos que, si se vuelven mas intensos (agudos), llaman la atención de la madre que los separa o regaña y detiene el juego. De esta forma, los cachorros aprenden a moderar la lucha. Por lo tanto, si el cachorro no puede aprender de la madre y de la camada este comportamiento, es el dueño quien debe hacerlo.
Al jugar con el perro, si los mordisquitos se hacen dolorosos, debe quejarse en voz alta y si el cachorro no modera su actividad, hay que interrumpir el juego. Otra forma de enseñarle es por actitud simétrica:: apretándole el labio, el dueño hace que el cachorro chille; en ese momento el dueño deja de apretar el labio. Así, el cachorro aprende a gritar para protegerse y el grito se convierte en su símbolo.
3) El déficit más importante del perro con Hipersensibilidad-Hiperactividad es la ausencia, en su comportamiento, de la fase de vuelta al equilibrio o de finalización de una acción.
El juego de “busca la pelota y tráemela” es una buena secuencia comportamental: sin embargo, el perro con este déficit, tenderá a no soltar la pelota ya que mientras más fuerte es su excitación, menos podrá abrir las mandíbulas para terminar la acción.
El dueño debe lograr que deje espontáneamente el objeto, interrumpiendo la actividad y estableciendo un periodo de descanso. De esta manera, el perro se distraerá, disminuirá su excitación y soltará la pelota. Es importante que lo haga por si solo, sin tener que pedírselo.
Por último, hay que estar concientes que vivir con una mascota con este síndrome puede, a veces, tornarse muy difícil. Se necesita mucha paciencia, dedicación, y constancia para ver los frutos; y debemos recordar que el éxito dependerá de la detección temprana del problema y de la rapidez en tomar las medidas correctivas. Un Médico Veterinario, especialista en comportamiento no puede hacer el trabajo él solo y los medicamentos no son mágicos: solo un trabajo de equipo conseguirá el éxito..







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